Actitud Lattus

Actitud Lattus
Por Gabriela García/ La Nación Domingo
Sus personajes están locos, solos y al borde. Teatrera desde la cuna, a la actriz de “Ilusiones ópticas” y “Tony Manero” no le vienen con cuentos. De la mano del director de “El pejesapo” filmó “Mitómana”, un vómito contra el ego del sistema que se estrena el 8 de abril en Cine Arte Alameda.
La cabeza de Paola Lattus (29) viaja al encuentro de una pendeja de La Pintana que solloza en la cuneta porque en el colegio la retaron por confesar que quería ser doctora cuando grande.
“No podí aspirar a ser más que tus padres, le dijeron. Lo ridículo es que su instituto es Opus Dei”, cuenta la actriz que llegó a la población invitada por José Luis Sepúlveda, un cineasta que eructa mundos dejados de la mano de Dios, proletas, violentos, freaks, marginales y nihilistas que abofetean al ciudadano distraído.
Con el director de “El pejesapo” rodaron durante un año “Mitómana”, la historia de una joven desquiciada que hace cualquier cosa por ser actriz y que se adentra en las calles de un barrio que se parte a balazos y neoprén.
Paralelamente, la muchacha busca a Tilusa, un payaso contestario de la época de la dictadura.
“La película es un espejo de la gran mentira de Chile (ésa que dice que hay salud y educación para todos), un vómito contra el ego y la gente que puede estar a mil con una causa pero que a la hora de sacrificar su vanidad se echa para atrás”, revela quien estudió teatro en la Escuela de Fernando González y tiene una compañía llamada La Cualquiera.
SILICONA Y MOHICANO
Hija de dos reconocidos teatreros (Ángel Lattus y Teresa Ramos), para hablar de dobles discursos en “Mitómana” la actriz tuvo que empezar por casa. “¡Terminé pelada!”, confiesa, “y lo heavy es que no supe hasta que sentí el primer tijeretazo que saldría rapada del filme.
Recuerdo que Sepúlveda se lo dijo pa’ callado a alguien mientras grabábamos y me puse a temblar. Estaba nerviosa pero logré entregarme, llorar todo lo que tenía que llorar y pensar: me crecerá otra vez”, agrega sobre un trabajo que hasta ahora sólo se ha preestrenado en el Festival Internacional de Cine de Valdivia y en el Festival de Cine Social y Antisocial que dirige el mismo director en la población y que ahora prepara…
Aplaudida por su rol en la ópera prima de Cristián Jiménez, “Ilusiones ópticas”, la actriz dice que su estadía en La Pintana le abrió los ojos.
“Ahí me di realmente cuenta de cómo era la pobreza en Chile. Recuerdo que una dirigenta sindical me dijo: ‘Aquí la gente no vota por los colores ni por las ideas, sino por la gente que le da’. El bono por hijo se lo gastan en copete el fin de semana…”, suspira.
SUSPIRO Y ASPIRO
Ojos grandes como los de un dibujo animé, Paola es como una punky vestida de etiqueta. Si el 2009 estuvo en el Festival de Cine de Tokio con “Ilusiones ópticas” (ésta fue una de las tres películas de habla hispana que participaron en el certamen), dice que conocer a González Iñarritu no le movió ni una fibra.
“No me puede interesar menos… Si bien me gustó ‘Amores perros’, no me agradó su presencia. No así Carlos Reygadas por ejemplo, con quien quisiera trabajar altiro”, explica.
También recuerda que su primer personaje fue el de Merlina Adams en un pituto navideño a los 11 años y que hoy prepara junto a sus viejos una adaptación de “El malentendido” de Albert Camus, llamado “La telaraña”.
En ésta se narra la historia de una madre que tiene una posada en el desierto junto a su hija, la cual lo único que quiere es conocer el mar.
“Para conseguir esa plata deciden matar a los pensionistas a los que les dan un diazepam y los tiran al río. Es un caso real. Y habla del anhelo del mar y de lo que puede llegar a hacer la soledad”, cuenta.
Deseos truncados, fracaso y tristeza, los personajes de Lattus suelen tener todo en contra, pero algún secreto hilo de ilusión los mantiene en pie. Aspiracionales como la clase media, en “Tony Manero”, Lattus ayuda al siniestro rol de Alfredo Castro a aprender los pasos de John Travolta para entrar en un programa de televisión y en “Ilusiones ópticas” es Manuela, una joven que sueña con ponerse pechugas de silicona, realidad que en su norte natal es grito y plata.
“Hay muchas Manuelas dando vuelta, porque ella no es una modelo, no lo hace para ganar más plata ni pantalla, sólo lo hace para ser un poquito más feliz. Para que la miren más. La obsesión por el bisturí es culpa de la tele. Tú la prendes y lo que ves es gente bella. Eso es lo que vende, lo bonito y exitoso. Lo triste es que todos tengamos que vendernos en algún minuto. Por ejemplo, yo no tengo ninguna tarjeta. Pero porque sé cómo soy de consumista. Amo la ropa y voy a tiendas exclusivas. Tampoco voy a andar vendiendo la mula de que soy hippie. Es heavy, pero todos tenemos precio”.
-¿También lo es Pauli, tu personaje en “Tony Manero”?
-Sí, es un ser apocado y triste, un poco inocente, todos se aprovechan de ella, hasta que en un momento, cuando se mete con el novio de la mamá, logra tener un poco más de estatus, pero ahí cagó, se la llevan presa. Eso fue algo súper bonito porque fue reconocer una época que tenía velada y que no resentía físicamente. Si bien lo veía en mis papás o en conversaciones de amigos mayores, en “Tony Manero” terminé de digerirlas y dije guácala. Darse cuenta del horror del Festival de la Una o del “Ríe cuando todos estén tristes” del Jappening es fuerte, sobre todo cuando descubres lo que hay detrás de esa terrorífica metáfora que bailabas cuando chica…, dice Lattus.
En La Pintana, en tanto, las niñas siguen llorando en la cuneta.
http://www.lanacion.cl/actitud-lattus/noticias/2010-03-7/134850.html

Paola LattusSus personajes están locos, solos y al borde. Teatrera desde la cuna, a la actriz de “Ilusiones ópticas” y “Tony Manero” no le vienen con cuentos. De la mano del director de “El pejesapo” filmó “Mitómana”, un vómito contra el ego del sistema que se estrena el 8 de abril en Cine Arte Alameda. Fuente La Nación Domingo.

La cabeza de Paola Lattus (29) viaja al encuentro de una pendeja de La Pintana que solloza en la cuneta porque en el colegio la retaron por confesar que quería ser doctora cuando grande.

“No podí aspirar a ser más que tus padres, le dijeron. Lo ridículo es que su instituto es Opus Dei”, cuenta la actriz que llegó a la población invitada por José Luis Sepúlveda, un cineasta que eructa mundos dejados de la mano de Dios, proletas, violentos, freaks, marginales y nihilistas que abofetean al ciudadano distraído.

Con el director de “El pejesapo” rodaron durante un año “Mitómana”, la historia de una joven desquiciada que hace cualquier cosa por ser actriz y que se adentra en las calles de un barrio que se parte a balazos y neoprén.

Paralelamente, la muchacha busca a Tilusa, un payaso contestario de la época de la dictadura.

“La película es un espejo de la gran mentira de Chile (ésa que dice que hay salud y educación para todos), un vómito contra el ego y la gente que puede estar a mil con una causa pero que a la hora de sacrificar su vanidad se echa para atrás”, revela quien estudió teatro en la Escuela de Fernando González y tiene una compañía llamada La Cualquiera.

SILICONA Y MOHICANO

Hija de dos reconocidos teatreros (Ángel Lattus y Teresa Ramos), para hablar de dobles discursos en “Mitómana” la actriz tuvo que empezar por casa. “¡Terminé pelada!”, confiesa, “y lo heavy es que no supe hasta que sentí el primer tijeretazo que saldría rapada del filme.

Recuerdo que Sepúlveda se lo dijo pa’ callado a alguien mientras grabábamos y me puse a temblar. Estaba nerviosa pero logré entregarme, llorar todo lo que tenía que llorar y pensar: me crecerá otra vez”, agrega sobre un trabajo que hasta ahora sólo se ha preestrenado en el Festival Internacional de Cine de Valdivia y en el Festival de Cine Social y Antisocial que dirige el mismo director en la población y que ahora prepara…

Aplaudida por su rol en la ópera prima de Cristián Jiménez, “Ilusiones ópticas”, la actriz dice que su estadía en La Pintana le abrió los ojos.

“Ahí me di realmente cuenta de cómo era la pobreza en Chile. Recuerdo que una dirigenta sindical me dijo: ‘Aquí la gente no vota por los colores ni por las ideas, sino por la gente que le da’. El bono por hijo se lo gastan en copete el fin de semana…”, suspira.

SUSPIRO Y ASPIRO

Ojos grandes como los de un dibujo animé, Paola es como una punky vestida de etiqueta. Si el 2009 estuvo en el Festival de Cine de Tokio con “Ilusiones ópticas” (ésta fue una de las tres películas de habla hispana que participaron en el certamen), dice que conocer a González Iñarritu no le movió ni una fibra.

“No me puede interesar menos… Si bien me gustó ‘Amores perros’, no me agradó su presencia. No así Carlos Reygadas por ejemplo, con quien quisiera trabajar altiro”, explica.

También recuerda que su primer personaje fue el de Merlina Adams en un pituto navideño a los 11 años y que hoy prepara junto a sus viejos una adaptación de “El malentendido” de Albert Camus, llamado “La telaraña”.

En ésta se narra la historia de una madre que tiene una posada en el desierto junto a su hija, la cual lo único que quiere es conocer el mar.

“Para conseguir esa plata deciden matar a los pensionistas a los que les dan un diazepam y los tiran al río. Es un caso real. Y habla del anhelo del mar y de lo que puede llegar a hacer la soledad”, cuenta.

Deseos truncados, fracaso y tristeza, los personajes de Lattus suelen tener todo en contra, pero algún secreto hilo de ilusión los mantiene en pie. Aspiracionales como la clase media, en “Tony Manero”, Lattus ayuda al siniestro rol de Alfredo Castro a aprender los pasos de John Travolta para entrar en un programa de televisión y en “Ilusiones ópticas” es Manuela, una joven que sueña con ponerse pechugas de silicona, realidad que en su norte natal es grito y plata.

“Hay muchas Manuelas dando vuelta, porque ella no es una modelo, no lo hace para ganar más plata ni pantalla, sólo lo hace para ser un poquito más feliz. Para que la miren más. La obsesión por el bisturí es culpa de la tele. Tú la prendes y lo que ves es gente bella. Eso es lo que vende, lo bonito y exitoso. Lo triste es que todos tengamos que vendernos en algún minuto. Por ejemplo, yo no tengo ninguna tarjeta. Pero porque sé cómo soy de consumista. Amo la ropa y voy a tiendas exclusivas. Tampoco voy a andar vendiendo la mula de que soy hippie. Es heavy, pero todos tenemos precio”.

-¿También lo es Pauli, tu personaje en “Tony Manero”?

-Sí, es un ser apocado y triste, un poco inocente, todos se aprovechan de ella, hasta que en un momento, cuando se mete con el novio de la mamá, logra tener un poco más de estatus, pero ahí cagó, se la llevan presa. Eso fue algo súper bonito porque fue reconocer una época que tenía velada y que no resentía físicamente. Si bien lo veía en mis papás o en conversaciones de amigos mayores, en “Tony Manero” terminé de digerirlas y dije guácala. Darse cuenta del horror del Festival de la Una o del “Ríe cuando todos estén tristes” del Jappening es fuerte, sobre todo cuando descubres lo que hay detrás de esa terrorífica metáfora que bailabas cuando chica…, dice Lattus.

En La Pintana, en tanto, las niñas siguen llorando en la cuneta.

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http://www.lanacion.cl/actitud-lattus/noticias/2010-03-27/134850.html