La nueva cara de la educación rural que podría surgir desde las ruinas del terremoto
Una de las oportunidades que genera la tragedia. El maremoto derribó escuelas, pero, a la hora de reconstruir, no sería necesario volver a levantarlas todas. Unir las que se encuentran más cercanas no sólo es más rentable, sino que también elevaría los aprendizajes.
Manuel Fernández Bolvarán
“Salimos ganando”, afirma la profesora Rosa Farías. Es su balance de la primera semana de clases en la escuela modular de Iloca, la misma que inauguró este lunes el ministro de Educación, Joaquín Lavín, y que cuenta entre sus 150 alumnos al célebre Víctor Díaz, el “Zafrada”.
Un colegio que tiene varias particularidades. No sólo porque fue construido en cuestión de días, sino también porque en él se unieron (o “consolidaron”) tres escuelas cercanas que fueron arrasadas por el maremoto: las de Iloca, Duao (5 km al norte) y La Pesca (5 km al sur). Antes de desaparecer, cada una tenía un promedio de tres profesores y 50 alumnos, lo que obligaba a juntar en una misma sala a niños de diferentes niveles.
Hoy están todos juntos, y el colegio cuenta con un docente por curso, una educadora de párvulos con su asistente, y Rosa Farías, ex docente de La Pesca, como directora.
Sin costo
“Iloca no es una excepción”, dice Francisco Gallego, del Instituto de Economía de la Universidad Católica. El investigador lleva varios años analizando el panorama de la educación rural chilena y aporta elocuentes datos: entre 1992 y 2006, la matrícula en esos sectores cayó en 16%, con escuelas que, en promedio, tienen 80 alumnos y cinco profesores.
Con esas dimensiones, las escuelas tienen pocas posibilidades de ser viables en lo económico y efectivas en lograr aprendizajes, creen los expertos. “Si un colegio es así de pequeño, no sólo se vuelve muy caro, sino que además es difícil acceder a servicios como una biblioteca mejor dotada, personal administrativo y una cantidad de profesores que les permita un mayor grado de especialización”, detalla Ernesto Treviño, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales.
Ambos coinciden en que la idea de consolidar escuelas es la más óptima. Y la experiencia de Iloca, en su primera semana, parece darles la razón.
“De partida, ahora tenemos un comedor y más salas. Como hay más alumnos, ahora en las salas se genera una competencia por ser los mejores, y entre los mismos docentes surge la necesidad de demostrar sus capacidades. Es una gran oportunidad para mejorar nuestro trabajo”, dice la directora.
Según un estudio en el que participó Gallego, la cantidad de escuelas que podrían consolidarse es enorme. “Si uno piensa en unir colegios de modo tal que ningún niño deba viajar más de una hora para llegar a clases, prácticamente puede trasladar al 50% de la matrícula rural a colegios más grandes, generando ahorros que pueden incluso revertir el déficit de estas comunas en educación”, sostiene.
Si los beneficios son tan evidentes, ¿por qué esto no se ha hecho antes? “Porque hay un costo político importante para los alcaldes. En los sectores rurales las escuelas son también centros comunitarios”, responde Treviño.
“En ese sentido, el terremoto abre una oportunidad enorme para Chile, porque el costo político desapareció -opina Gallego-; aquí hay una gran posibilidad de aumentar la calidad de la educación rural, bajar los costos y gastar esos recursos en mejoras”.
Es lo que ve también la profesora Farías. “En la comunidad de La Pesca hay pena por perder la escuela, pero la gente está muy contenta y se nota en que hemos tenido una asistencia de 90%, que es muy alta para las actuales circunstancias”, relata.
80 alumnos y cinco profesores tienen, en promedio, las escuelas rurales en Chile. Las urbanas tienen 470 estudiantes y 21 docentes.
Mineduc: “Es momento de optimizar los recursos”
“Sin duda que no se puede desconocer que el terremoto es una oportunidad para optimizar el uso de recursos”, dice Alejandro Boetsch, coordinador del Comité de Emergencia del Ministerio de Educación y quien está siguiendo de cerca el proceso de reconstrucción de la infraestructura escolar dañada por el sismo.
En esa línea, afirma que la intención del Mineduc es tratar de consolidar escuelas donde sea posible, tal como se hizo en Iloca. “Hoy hay unas 2.500 escuelas con cuatro o menos docentes, y son multigrado. Hay que analizar caso a caso, dependiendo de la realidad local, cuáles podrían tender a unirse”, afirma.
-¿Cómo es el proceso en el que deciden estas uniones? Porque cerrar una escuela tiene un costo político.
“Estando en terreno y atentos a las necesidades de la comunidad. En el fondo, la reconstrucción la estamos viendo como una posibilidad para disminuir costos operativos o de transporte. Esos criterios se ponen sobre la mesa de los sostenedores, y las personas implicadas, como los docentes, ven que aquí hay una oportunidad de hacer un cambio para mejor también en la calidad de la educación”.
-Se generan economías de escala.
“Claro, a nivel de costos. Pero educacionalmente, se pasa de una sala multigrado a otra de un solo grado. Eso mejora la educación y les da a los profesores mayores facilidades para trabajar, asumir roles más especializados. Las ventajas son muchas”.
http://diario.elmercurio.com/2010/03/28/educacion/_portada/noticias/C86D33A7-5490-4EC7-B3C9-B1F1D5593D04.htm?id={C86D33A7-5490-4EC7-B3C9-B1F1D5593D04}
Una de las oportunidades que genera la tragedia. El maremoto derribó escuelas, pero, a la hora de reconstruir, no sería necesario volver a levantarlas todas. Unir las que se encuentran más cercanas no sólo es más rentable, sino que también elevaría los aprendizajes. Fuente El Mercurio.
“Salimos ganando”, afirma la profesora Rosa Farías. Es su balance de la primera semana de clases en la escuela modular de Iloca, la misma que inauguró este lunes el ministro de Educación, Joaquín Lavín, y que cuenta entre sus 150 alumnos al célebre Víctor Díaz, el “Zafrada”.
Un colegio que tiene varias particularidades. No sólo porque fue construido en cuestión de días, sino también porque en él se unieron (o “consolidaron”) tres escuelas cercanas que fueron arrasadas por el maremoto: las de Iloca, Duao (5 km al norte) y La Pesca (5 km al sur). Antes de desaparecer, cada una tenía un promedio de tres profesores y 50 alumnos, lo que obligaba a juntar en una misma sala a niños de diferentes niveles.
Hoy están todos juntos, y el colegio cuenta con un docente por curso, una educadora de párvulos con su asistente, y Rosa Farías, ex docente de La Pesca, como directora.
Sin costo
“Iloca no es una excepción”, dice Francisco Gallego, del Instituto de Economía de la Universidad Católica. El investigador lleva varios años analizando el panorama de la educación rural chilena y aporta elocuentes datos: entre 1992 y 2006, la matrícula en esos sectores cayó en 16%, con escuelas que, en promedio, tienen 80 alumnos y cinco profesores.
Con esas dimensiones, las escuelas tienen pocas posibilidades de ser viables en lo económico y efectivas en lograr aprendizajes, creen los expertos. “Si un colegio es así de pequeño, no sólo se vuelve muy caro, sino que además es difícil acceder a servicios como una biblioteca mejor dotada, personal administrativo y una cantidad de profesores que les permita un mayor grado de especialización”, detalla Ernesto Treviño, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales.
Ambos coinciden en que la idea de consolidar escuelas es la más óptima. Y la experiencia de Iloca, en su primera semana, parece darles la razón.
“De partida, ahora tenemos un comedor y más salas. Como hay más alumnos, ahora en las salas se genera una competencia por ser los mejores, y entre los mismos docentes surge la necesidad de demostrar sus capacidades. Es una gran oportunidad para mejorar nuestro trabajo”, dice la directora.
Según un estudio en el que participó Gallego, la cantidad de escuelas que podrían consolidarse es enorme. “Si uno piensa en unir colegios de modo tal que ningún niño deba viajar más de una hora para llegar a clases, prácticamente puede trasladar al 50% de la matrícula rural a colegios más grandes, generando ahorros que pueden incluso revertir el déficit de estas comunas en educación”, sostiene.
Si los beneficios son tan evidentes, ¿por qué esto no se ha hecho antes? “Porque hay un costo político importante para los alcaldes. En los sectores rurales las escuelas son también centros comunitarios”, responde Treviño.
“En ese sentido, el terremoto abre una oportunidad enorme para Chile, porque el costo político desapareció -opina Gallego-; aquí hay una gran posibilidad de aumentar la calidad de la educación rural, bajar los costos y gastar esos recursos en mejoras”.
Es lo que ve también la profesora Farías. “En la comunidad de La Pesca hay pena por perder la escuela, pero la gente está muy contenta y se nota en que hemos tenido una asistencia de 90%, que es muy alta para las actuales circunstancias”, relata.
80 alumnos y cinco profesores tienen, en promedio, las escuelas rurales en Chile. Las urbanas tienen 470 estudiantes y 21 docentes.
Mineduc: “Es momento de optimizar los recursos”
“Sin duda que no se puede desconocer que el terremoto es una oportunidad para optimizar el uso de recursos”, dice Alejandro Boetsch, coordinador del Comité de Emergencia del Ministerio de Educación y quien está siguiendo de cerca el proceso de reconstrucción de la infraestructura escolar dañada por el sismo.
En esa línea, afirma que la intención del Mineduc es tratar de consolidar escuelas donde sea posible, tal como se hizo en Iloca. “Hoy hay unas 2.500 escuelas con cuatro o menos docentes, y son multigrado. Hay que analizar caso a caso, dependiendo de la realidad local, cuáles podrían tender a unirse”, afirma.
-¿Cómo es el proceso en el que deciden estas uniones? Porque cerrar una escuela tiene un costo político.
“Estando en terreno y atentos a las necesidades de la comunidad. En el fondo, la reconstrucción la estamos viendo como una posibilidad para disminuir costos operativos o de transporte. Esos criterios se ponen sobre la mesa de los sostenedores, y las personas implicadas, como los docentes, ven que aquí hay una oportunidad de hacer un cambio para mejor también en la calidad de la educación”.
-Se generan economías de escala.
“Claro, a nivel de costos. Pero educacionalmente, se pasa de una sala multigrado a otra de un solo grado. Eso mejora la educación y les da a los profesores mayores facilidades para trabajar, asumir roles más especializados. Las ventajas son muchas”.
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