La otra independencia

La otra independencia
La obra se llama “La patria del teatro” y fue escrita por Marco Antonio de la Parra. Codirigida con Abel Carrizo, es una de las maneras que encontró el director andaluz de conmemorar nuestro bicentenario. La cita es en septiembre en el Teatro Nacional Chileno y tiene como uno de sus protagonistas a Bernardo O’Higgins.
Patria nueva, vida nueva, pensó Bernardo O’Higgins en la segunda década del siglo XIX. Elegido Director Supremo de la nación en 1817, no sólo eligió a los primeros ministros del Chile independiente. También se decidió a crear un teatro nacional, entendido como escuela de virtudes para la ciudadanía. A falta de tradición, al militar se le ocurrió un trueque: a los soldados españoles que accedieran a actuar, les obsequiaría la libertad.
Esta es la historia que narra “La patria del teatro”, coproducción con la que el Teatro Nacional Chileno conmemorará el bicentenario en septiembre. Dirigida por el andaluz Jesús Codina y el local Abel Carrizo, desempolva el curioso acuerdo entre dos países que se sacaron los ojos por un pedazo de tierra, pero terminaron aliándose para actuar sobre ella. Un abrazo que rescata la sagaz pluma de Marco Antonio de la Parra. “Era una anécdota a la que había que sacarle punta. Profundizando en la investigación nos encontramos con que O’Higgins, hombre muy culto e ilustrado, había deseado que Chile, al igual que Francia, tuviera su Comedie Française. El problema es que no había profesionales en su territorio y tampoco presupuesto en las arcas públicas para traerlos de Europa, por lo que recurre a soldados presos españoles venidos de la península para que montaran una serie de temporadas”, expresa Codina desde su Sevilla natal.
TALENTO CONQUISTADOR
No se trataba eso sí de cualquier recluso, sino de aquel que tenía al menos una leve noción del arte. Tal fue el caso del coronel La Torre, primer director de teatro, y quien terminó escribiendo un manual de actuación para los soldados detrás de las rejas (el extinto “Alcorán del Teatro”). “Los soldados de alto rango eran personas ilustradas. Y es que siempre hubo en España un vínculo muy estrecho entre éstos y el teatro. Eran asiduos a los corrales de comedias y a la vez muy exigentes y temidos por los actores, puesto que se colocaban en el patio y si la obra no les gustaba, hacían sonar sus mosquetes”, cuenta el director afincado en Santiago desde 2005 y responsable de obras como “El Quijote de los Andes”.
Capítulo aparte merece también Francisco Cáceres, recordado como el primer galán del teatro chileno y graduado en la Universidad de Granada. Con 26 años, se convirtió en el primer fenómeno de masas que parió Chile. “Parece que era un andaluz bastante atractivo. Y tanto le gustó esto de actuar, que al conseguir la libertad no se volvió a España ni se reintegró en la carrera militar, sino que se quedó a vivir en Chile hasta su muerte dedicándose por entero al oficio”, comenta Codina sobre el hombre que también fue reconocido en Perú, Uruguay y Argentina.
Pero la misión de que el teatro se convirtiera en correa de transmisión de los valores republicanos fue llevada a cabo por Domingo Arteaga, personaje que también aparecerá en este montaje con elenco mixto (nacional y español) a determinar. Según explica Codina, “si bien alguna teatralidad existía en expresiones rituales de los pueblos originarios, el teatro tal como se entiende, se piensa y se desarrolla en Chile tiene una mirada y raíz occidental, como muchas otras costumbres que emanan del pueblo chileno”.
-¿Quieres decir que en rigor la independencia no existe?
-Políticamente es obvio que sí, pero culturalmente quedan huellas inevitables que luego Chile ha hecho suyas y transformado a su manera. Pero no creo que eso tenga que ser un drama. Yo de España provengo de Andalucía, pueblo conquistado por siete grandes imperios, desde los fenicios a los cristianos pasando por musulmanes y romanos. Cada uno superó políticamente al anterior pero nos legaron un rastro cultural que ha desembocado en la cultura andaluza, una de las más ricas de Occidente con su máximo exponente que es el flamenco.
Con humor negro, la obra reivindica la influencia de un arte que hoy le ha sido arrebatado por los medios de comunicación de masas, según el director español. “Aunque hoy lo que se transmite ya no es la ideología de un Estado, el teatro es uno de los pocos espacios de libertad que van quedando”, enfatiza el hombre que además afina un proyecto que se llama “Cuatro puntos cardinales”. Financiado por el Ministerio de Cultura español y la Consejería Cultural de la Embajada de España en Chile, se trata de un espectáculo que se estrena el 12 de octubre en la sala Antonio Varas. “Se escenificarán cuatro textos breves de cuatro autores españoles con cuatro directores, dos chilenos (Abel Carrizo y Raúl Osorio) y dos españoles (José María Roca y yo mismo). El elenco será todo chileno. Junto con ‘La patria del teatro’ son los tres proyectos de intercambio cultural para celebrar el bicentenario de la Independencia de Chile”, remata. LN
http://www.lanacion.cl/la-otra-independencia/noticias/2010-04-04/205453.html

La Otra IndependenciaLa obra se llama “La patria del teatro” y fue escrita por Marco Antonio de la Parra. Codirigida con Abel Carrizo, es una de las maneras que encontró el director andaluz de conmemorar nuestro bicentenario. La cita es en septiembre en el Teatro Nacional Chileno y tiene como uno de sus protagonistas a Bernardo O’Higgins. Fuente La Nación.

Patria nueva, vida nueva, pensó Bernardo O’Higgins en la segunda década del siglo XIX. Elegido Director Supremo de la nación en 1817, no sólo eligió a los primeros ministros del Chile independiente. También se decidió a crear un teatro nacional, entendido como escuela de virtudes para la ciudadanía. A falta de tradición, al militar se le ocurrió un trueque: a los soldados españoles que accedieran a actuar, les obsequiaría la libertad.

Esta es la historia que narra “La patria del teatro”, coproducción con la que el Teatro Nacional Chileno conmemorará el bicentenario en septiembre. Dirigida por el andaluz Jesús Codina y el local Abel Carrizo, desempolva el curioso acuerdo entre dos países que se sacaron los ojos por un pedazo de tierra, pero terminaron aliándose para actuar sobre ella. Un abrazo que rescata la sagaz pluma de Marco Antonio de la Parra. “Era una anécdota a la que había que sacarle punta. Profundizando en la investigación nos encontramos con que O’Higgins, hombre muy culto e ilustrado, había deseado que Chile, al igual que Francia, tuviera su Comedie Française. El problema es que no había profesionales en su territorio y tampoco presupuesto en las arcas públicas para traerlos de Europa, por lo que recurre a soldados presos españoles venidos de la península para que montaran una serie de temporadas”, expresa Codina desde su Sevilla natal.

TALENTO CONQUISTADOR

No se trataba eso sí de cualquier recluso, sino de aquel que tenía al menos una leve noción del arte. Tal fue el caso del coronel La Torre, primer director de teatro, y quien terminó escribiendo un manual de actuación para los soldados detrás de las rejas (el extinto “Alcorán del Teatro”). “Los soldados de alto rango eran personas ilustradas. Y es que siempre hubo en España un vínculo muy estrecho entre éstos y el teatro. Eran asiduos a los corrales de comedias y a la vez muy exigentes y temidos por los actores, puesto que se colocaban en el patio y si la obra no les gustaba, hacían sonar sus mosquetes”, cuenta el director afincado en Santiago desde 2005 y responsable de obras como “El Quijote de los Andes”.

Capítulo aparte merece también Francisco Cáceres, recordado como el primer galán del teatro chileno y graduado en la Universidad de Granada. Con 26 años, se convirtió en el primer fenómeno de masas que parió Chile. “Parece que era un andaluz bastante atractivo. Y tanto le gustó esto de actuar, que al conseguir la libertad no se volvió a España ni se reintegró en la carrera militar, sino que se quedó a vivir en Chile hasta su muerte dedicándose por entero al oficio”, comenta Codina sobre el hombre que también fue reconocido en Perú, Uruguay y Argentina.

Pero la misión de que el teatro se convirtiera en correa de transmisión de los valores republicanos fue llevada a cabo por Domingo Arteaga, personaje que también aparecerá en este montaje con elenco mixto (nacional y español) a determinar. Según explica Codina, “si bien alguna teatralidad existía en expresiones rituales de los pueblos originarios, el teatro tal como se entiende, se piensa y se desarrolla en Chile tiene una mirada y raíz occidental, como muchas otras costumbres que emanan del pueblo chileno”.

-¿Quieres decir que en rigor la independencia no existe?

-Políticamente es obvio que sí, pero culturalmente quedan huellas inevitables que luego Chile ha hecho suyas y transformado a su manera. Pero no creo que eso tenga que ser un drama. Yo de España provengo de Andalucía, pueblo conquistado por siete grandes imperios, desde los fenicios a los cristianos pasando por musulmanes y romanos. Cada uno superó políticamente al anterior pero nos legaron un rastro cultural que ha desembocado en la cultura andaluza, una de las más ricas de Occidente con su máximo exponente que es el flamenco.

Con humor negro, la obra reivindica la influencia de un arte que hoy le ha sido arrebatado por los medios de comunicación de masas, según el director español. “Aunque hoy lo que se transmite ya no es la ideología de un Estado, el teatro es uno de los pocos espacios de libertad que van quedando”, enfatiza el hombre que además afina un proyecto que se llama “Cuatro puntos cardinales”. Financiado por el Ministerio de Cultura español y la Consejería Cultural de la Embajada de España en Chile, se trata de un espectáculo que se estrena el 12 de octubre en la sala Antonio Varas. “Se escenificarán cuatro textos breves de cuatro autores españoles con cuatro directores, dos chilenos (Abel Carrizo y Raúl Osorio) y dos españoles (José María Roca y yo mismo). El elenco será todo chileno. Junto con ‘La patria del teatro’ son los tres proyectos de intercambio cultural para celebrar el bicentenario de la Independencia de Chile”, remata. LN

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